He creado este blog pensando en ofrecer a los niños hospitalizados un espacio abierto a la comunicación. No en vano, LA PALABRA PUEDE CURAR.
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lunes, 19 de diciembre de 2011

CUENTO DE NAVIDAD

CUENTO DE NAVIDAD
“Egoitz, un niño normal”
15 de noviembre de 2011
Por Pedro Andino, 11 años


Lo que os voy a contar podría ser un cuento de esos que se ven en la tele en Navidad.

Esta historia trata de un niño que se llama Egoitz. Egoitz nació un día precioso de un mes que desconozco, de 2004, eso sí que lo sé. Supongo que a su madre le costó un poco y le dolió otro poco, pero no le importó porque ser madre es lo mejor que te puede pasar. O eso creo. Yo todavía no lo sé. Y, en todo caso, algún día seré padre que tengo entendido que también está muy bien y que te llena mucho.

Bueno, pues un precioso día de un mes de 2004 nació Egoitz, abrió sus enormes faros verde mar y miró a su madre y la habitación del hospital se llenó de amor y todos supieron que había nacido un ser especial. Todos nacemos únicos, pero su madre sólo pedía que naciese normal, como a todas las madres, supongo.

No sería la única vez que Egoitz estaría en una habitación del hospital.

Cuando era pequeñito tuvo sus catarros, sus dolores de barriguilla y todas esas cosas que tienen los niños pequeños. Le pusieron las vacunas que tocaban, le pesaban, le medían,… lo normal.

Egoitz iba creciendo. Comía, se hacía fuerte. Jugaba. Dormía y soñaba. Miraba alrededor y aprendía. Quería, pedía, rabiaba, lloraba y reía. Aprendió a caminar, a hablar, a correr; andaba en su bici de 4 ruedas… y así cumplió los 4 años.

Un día, no sé muy bien cómo fue, Egoitz se sintió mal. Su mamá le llevó al pediatra- el médico que sabe de niños- y el pediatra la tranquilizó, imagino, y le recetó unas medicinas y le dijo lo que tenía que hacer para curarlo. Su madre, y su padre, también, hicieron todo bien pero Egoitz no mejoraba. Peor. Se puso muy malo. Lo ingresaron. Esta fue la 2ª vez que se quedaba en el hospital. Habría más veces. Sus padres y su tía estaban muy preocupados. Toda la familia estaba muy preocupada. Los médicos también. Y las enfermeras. Y todos los que trabajaban allí, que son muchos. Los que creían y los que no creían, todos pedían un milagro, rezaban sin saberlo pidiendo que Egoitz saliese de aquello.

Y se produjo el milagro. Egoitz sobrevivió. Los milagros de verdad no son como en las películas. No es todo perfecto. Pero cuando algo parece malo tú puedes volverlo bueno. Egoitz sabe mucho de eso. Y su mamá. Y su papá. Y su tía. Y los que le ayudan cada día, cada hora, cada minuto. Cada ratito chiquitito y cada ratito grande. Egoitz salió. Pero era otro Egoitz. Había perdido algunas cosas que se llevó su enfermedad. Pero ganó muchas más. Ahora Egoitz no podía correr- con sus piernas, ni andar- con sus pies, ni rascarse- con sus manos, ni abrazar a su madre- con sus brazos. Pero podía correr con su silla de ruedas, podía conducirla con la boca. También podía coger cosas- con la boca. No podía abrazar pero podía dar todos los besos que quisiera.

Sus ojos grandes verdes brillantes eran aún más grandes, más verdes y más brillantes y más listos. Y veían más. Veían muchas cosas en las que antes ni se habían fijado.

Y su corazón y su pensamiento también parecían más grandes y más brillantes y más listos. Ahora se daban cuenta de muchas más cosas, cosas que, a menudo, nos pasan desapercibidas. Egoitz todo lo nota, todo lo disfruta, todo lo ve, todo lo oye. Ha aprendido a escribir y hacer cuentas con la boca. Es un artista, pinta cristal, cajas, escayola, cuadros, de todo, con la boca, una boca sabia de 7 años. Con una pegatina en la nariz hace dibujos en el ordenador. Son preciosos.

He empezado diciendo que esto podría ser un cuento de Navidad, pero es una historia real, de un niño real, muy especial, que ríe, llora, aprende, se enfada, exige y da, hace y se divierte, se ilusiona y sueña, y quiere y le quieren. Vamos, un niño normal.

Egoitz a veces se acatarra y tiene que volver al hospital. Allí le quiere todo el mundo. No me extraña. Yo también le quiero. Yo tengo 11 años, bueno casi 12. Un día me ingresaron y fui a la Escuela del Hospital. Allí estaban Ana, la profa, y Egoitz. Ana nos enseñó a crearnos nuestros blogs. Egoitz llamó al suyo “hojas plateadas”, lo inventó él y su lema es “QUERER ES PODER”, ¡como no! Y allí es donde empecé a querer a Egoitz y hasta hoy. Me dieron el alta y esa noche no podía dormir y le escribí un poema “Oda a Egoitz”.

Este es un cuento por lo bonito que es y por lo que Egoitz con sus 7 años nos enseña. Si este cuento gana el portátil quiero que se lo deis a Egoitz. Esta es su historia y su vida y el premio se lo merece él, eso seguro. Egoitz es mi regalo, es un regalo para todos, cada día. Egoitz tú me dijiste que tu nombre significaba “mansión” y eso eres tú y eso es tu corazón.

Que sí, que no, que tururú, que eso eres tú. UN NIÑO NORMAL, como yo, como tú.

2 comentarios:

Donospi dijo...

Pedro, ZORIONAK! Idazle bikaina zara eta!!
He aquí un futuro escritor; bai, bai.... no solo por lo bien que has contado la historia de Egoitz un niño normal; sino porque tus palabras estan muy bien dichas.
Además tu voluntad y tu disponibilidad para (en el caso de ganar el ordenador) regalarselo a ese niño especial al que apetece conocer. Tambien apetece conocerte Pedro.
Zorionak y suerte!
Arantxa

maria cruz dijo...

Gracias Egoitz, es un cuento muy bonito. Me gusta mucho como escribes y te animo a que sigas escribiendo sin descanso. Tienes mucho que contarnos y lo leemos con entusiasmo.
Eres muy especial y me encanta saber de tí. Que sigas enseñándonos muchas cosas. Un fuerte abrazo y gracias.
Mª Cruz